El proyecto se estructuró a partir de tres terrazas sucesivas, aprovechando los desniveles del terreno para organizar los distintos usos del jardín. La primera terraza se destinó a la circulación y la contemplación, conformando un recorrido elevado desde el cual se obtiene una lectura general del conjunto.
En el segundo nivel, la piscina se planteó como elemento central, acompañada por el estar y el solárium. El muro revestido en piedra y la caída de agua refuerzan su protagonismo y aportan movimiento, sonido y una fuerte presencia arquitectónica.
La tercera terraza, ubicada en el nivel inferior, alberga el fogón y el área de encuentro, generando un espacio más contenido y reparado. La vegetación acompaña los cambios de nivel, suaviza los bordes y vincula visualmente las tres terrazas en una composición continua.